Y por las noches la soledad desespera…

Por las noches, por el dia, a toda hora, la soledad desespera, cuando llora y no hay descanso, cuando rie y no hay con quien compartir, cuando se enferma, cuando me enfermo…

Una cosa que solo quienes lo vivimos podemos entender: esa soledad abrumadora, incluso cuando estás rodeada por toda una ciudad. Es la dificultad de educar, criar y transmitir valores completamente sola.

Vivimos en la cuerda floja, siempre cuestionándonos si lo estamos haciendo bien. La culpa es una sombra constante: ¿fui demasiado dura, o no lo suficiente? ¿Es mi dureza una forma de violencia? Siempre estoy en el borde, entre lo bueno y lo malo.

La falta de un descanso real mezcla las emociones, y el verdadero ser se pierde, camuflado entre ser madre, empleada, ama de casa, la que hace las compras, la que paga… la que consume las compras. Si no hay leche, la compro. La guardo en la heladera y por un momento siento que he resuelto un problema, pero cada vaso que sirvo es un recordatorio de que la solución se agota. Por eso, empecé a comprar varias cajas. Así, el problema de la leche se resuelve por una semana, y después vuelve a emerger. Y así es todo.

Soy la del problema, la de la solución, la del «pienso», la que se encarga de TODO. La que compra el jabón, lo gasta y sabe exactamente cuándo ir a por más. ¿Por qué? Porque la que usa el jabón también es la que lava, cuelga, descuelga, dobla y guarda.

Sé que suena a «¿y qué? A todos nos pasa». Y yo creo que no.

Si tienes pareja —y no hablo solo en términos amorosos, sino de tener un dos —, puedes delegar algunas etapas de ese proceso. Cuando me divorcié, mi hermana estuvo conmigo unos meses ayudandome mientras me organizaba. Yo compraba y pagaba, pero ella me decía: «Mira que se está acabando el jabón, mira que es la última leche». Ella se hacía cargo de mi «pienso», ese pensamiento tan agotador.


Anoche me miré al espejo y no vi nada, ni un rastro de mí. Solo culpa. Me sentía condenada por no poder más. Bañé a mi hijo, no lo deje jugar como siempre en el bañito, le lavé los dientes, sin decir una palabra… él buscaba mi risa. Yo solo estaba sumergida en la tarea de aprontarlo para dormir. Lo sequé, le puse el pijama y lo acosté. No le leí su cuento. Él, como siempre, me dio dos besos, pero yo no pude hacer nada más. Solo le pedí a Dios que lo cuide, que crezca sano y fuerte, que sea una buena persona.

Obvio me senti egoísta. Y entonces me escucho a mí voz en la cabeza que dice: “No está mal, cuando no tenes ganas, está bien hacerte caso”. Pero inmediatamente, otra voz me dice: “Aprovéchalo, que es chiquito, después crecen y no te dan bola. Y mira si le pasa algo, te vas a sentir muy mal…” Son dos pensamientos opuestos y complementarios a la vez.

La incomprensión de afuera

Cuando una mujer plantea el sufrimiento de maternar en soledad, no es comprendida. El mundo opina, pero no vive, no piensa, no empatiza.

A todas las madres que, como yo, luchan en soledad, les digo: sí, estás sola. La decisión es tuya, no hay una respuesta fácil: te quedas o te vas. Si decides quedarte, que sea porque así lo quieres, no por miedo al «qué dirán».

El peso de la injusticia

Tenes todo el derecho a quejarte, porque sí, es re injusto. Si te quedaste, ayuda a tu hijo a ser una buena persona. Enséñale con el ejemplo de tu permanencia lo que es la responsabilidad. Contéstale todas las preguntas sobre su padre con la verdad, no con el agravio. Los hechos hablan por sí solos.

Deja que lo busque, que lo encuentre, deja que le rompa el corazón. Hay cosas que no podemos sanar por ellos, cosas que no podemos cambiar.

Mama: tu refugio seguro

Porque mamá no se fue, mamá está acá, a tu lado. Mamá no es un ser superior ni tampoco inferior; mamá es quien acompaña y permanece. Mamá ama, aunque a veces esté triste, frustrada, llena de dudas. Aunque a veces grite, se queje y llore de culpa.

Mamá trabaja arduamente en la educación y la crianza. Mamá es amiga, fiel, compañera. Mamá está acá, y te toma de la mano. Nunca tengas miedo, porque mamá siempre estará contigo.

La carga que no nos corresponde

Lo más difícil a veces es soltar. Soltar todo lo que no nos corresponde, lo que es del otro. Entender que hay cosas que simplemente no nos tocan a nosotras, y que hay cosas que tienen que pasar

El mundo, tal como es, nos hace la tarea aun mas dificil con sus estereotipos, sus falsas reglas, la venta de vidas perfectas. Y la peor mentira que nos dicen: «Ay, pero no estás sola, no te sientas así». Cuando miras a tu alrededor, no hay nadie. Cuando preguntas si alguien se puede quedar un ratito porque necesitas salir a respirar sola y nadie puede. Ojo esta bien, cada uno tiene su vida y sus tiempos, pero no me digas que no estoy sola, porque el 95% de las veces que necesito una mano, no la tengo.

Extracto de una madrugada el 7 de setiembre de 2021

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