La importancia de hacer comunidad

Estas vacaciones de primavera, compartí unos días con otras mamás del colegio. Entre charlas, mates y las idas y vueltas de los chicos, caí en cuenta del lindo vinculo que habíamos generado y de la verdadera importancia de hacer comunidad.

A veces, cuando uno está en la rutina diaria, se aísla un poco sin darse cuenta. Creemos que podemos con todo solos o que las redes de apoyo tradicionales son las únicas que valen. Sin embargo, con el tiempo uno aprende que la comunidad se construye en los lugares más cotidianos: en la puerta del colegio, en los cumpleaños, en el fútbol o en las salidas compartidas.

Curiosamente, esas personas con las que nos cruzamos en las actividades de nuestros hijos terminan teniendo un rol muy cercano en nuestro día a día. A diferencia de la familia de sangre, que a veces viene cargada de opiniones, críticas o mandatos que no pedimos, la tribu que se arma en el camino de la maternidad suele entender de otra forma. Son los pares que están viviendo exactamente las mismas corridas, las mismas dudas y los mismos pequeños triunfos.

Hoy, estando sola, valoro muchísimo más ese grupito de mamis con el que podemos compartir un café, aunque sean un par de horas en la semana. Es ese espacio donde una puede respirar hondo, hablar de lo que pesa y de lo que alegra, sin juzgarse.

No hace falta buscar grandes estructuras. A veces, un simple rato de charla compartida es suficiente para tocarte el hombro y recordarte que, aunque la crianza tenga sus momentos solitarios, uno no está solo del todo, porque hay otros que están viviendo lo mismo que vos, justo ahora.

Al final, ser madre soltera no se trata de resolver todo con una independencia absoluta, sino de entender que necesitamos un sostén genuino para no flaquear en el intento. Ese apoyo que a veces no viene de donde esperábamos se encuentra en los detalles más simples: una mirada cómplice ante un berrinche, una palabra de comprensión cuando el día se pone cuesta arriba, o la certeza de saber que hay otras mujeres dispuestas a contener y ser red. La comunidad no resuelve todas las cargas, pero nos abraza en la vulnerabilidad y nos recuerda que podemos soltar la mochila un ratito y parar a descansar.

Como me dice mi jefa «descansar, para no renunciar».

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