El costo de la cordura: Maternar en solitario y la hipocresía de la salud mental en Uruguay

Cuando se habla de salud mental en las redes o en los medios, la respuesta casi siempre es la misma: «pedí ayuda», «andá a terapia», «buscá un espacio para vos». Todo suena muy lindo en la teoría, pero cuando te toca criar sola en Uruguay, mantener la estabilidad emocional no es solo un tema de voluntad, sino de presupuesto.

¿Cuánto cuesta realmente sostener la salud mental cuando sos el único sustento económico y afectivo de tu casa?

La foto de nuestra realidad

En Uruguay, la forma en que vivimos cambió mucho, pero las estructuras de apoyo se quedaron en el pasado.

  • Los números de la soledad: Según datos del INE y MIDES, más del 11% de los hogares en Uruguay son monoparentales con una mujer al frente (y en los sectores más vulnerables, esa cifra supera el 18%).
  • El sistema educativo como único respaldo: Para una madre soltera, la escuela o la túnica no son solo educación; son las únicas horas del día donde podés trabajar y delegar el cuidado. Si la escuela falla o no hay un sistema de cuidados que respalde, todo el peso vuelve a caer sobre los mismos hombros.

Lo que cuesta un espacio para hablar

Llegar a la consulta psicológica no es tan simple. Aunque el sistema de salud tiene mecanismos para acceder a terapia, en la práctica hay listas de espera, trámites y copagos que terminan muchas veces desgastando y desmotivando.

Si intentás «ir por fuera», la realidad golpea directo al bolsillo. El arancel de referencia que sugiere la Coordinadora de Psicólogos ronda los $2.850 más IVA por consulta. En mi experiencia los montos oscilan entre $1.200 y $1.800 si planteás la situación. Pero más allá del monto (que sí es determinante), pagar cuatro sesiones al mes significa destinar más de $6.000 mensuales. Para cualquier economía familiar promedio —y ni hablar si hay un solo ingreso—, pagar eso todos los meses es simplemente imposible.

Y acá, si me permiten, hago un paréntesis para explicar de lo que estoy hablando:

Matemática de supervivencia: Para entender por qué la salud mental se vuelve un lujo inalcanzable, basta con mirar los números. Como dije más arriba, en Uruguay más del 11% de los hogares son monoparentales con una mujer al frente (superando el 18% en los sectores de menores ingresos).

Ejemplo práctico: Si analizamos el ingreso mensual de una madre que trabaja medio horario en limpieza (4 horas diarias) percibiendo unos $15.000 líquidos, sumado a las ayudas del Estado —como la Asignación Familiar del Plan de Equidad (aprox. $2.680 por un hijo o $4.070 por dos) y las partidas de asistencia social del MIDES—, el ingreso total de la casa apenas ronda entre los $20.000 y $24.000. Si bien muchos terapeutas flexibilizan su arancel y se puede conseguir un promedio más accesible de unos $1.500 por sesión, pagar cuatro consultas al mes ($6.000) sigue significando destinar casi una tercera parte de esos ingresos totales únicamente a terapia. En una economía de supervivencia, ese monto sigue compitiendo directamente con la comida y los servicios básicos.

El dilema invisible: ¿Ellos o nosotras?

Hay un factor de angustia del que casi nadie habla: ¿qué pasa cuando nuestros hijos también necesitan acompañamiento psicológico o psiquiátrico?

Las infancias de hoy también cargan con las consecuencias de esta realidad. Crecen atravesadas por la inestabilidad de un hogar monoparental y por una creciente ola de diagnósticos clínicos cada vez más frecuentes, como Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o trastornos de ansiedad. Y a esto se le suma una exigencia constante por parte de los centros educativos, que rápidamente derivan a las familias a profesionales externos pero dejan todo el peso de la gestión y los costos sobre los hombros de una sola persona.

Ojo, no estoy diciendo que esté mal que los centros educativos presten atención a estos temas, todo lo contrario; me parece un cambio positivo que hemos logrado en estos tiempos. Pero lo que sí veo mal es cuando se vuelve un malestar, una exigencia para esa madre que también la está luchando en casa. Ahí es donde la soledad se vuelve pesada.

Cuando el dinero no alcanza para dos tratamientos particulares, la decisión ni siquiera se duda: nos postergamos nosotras. Cancelamos nuestras sesiones, aguantamos como podemos y usamos esa energía y esos recursos para que ellos tengan la atención que necesitan. Elegimos salvaguardar la salud mental de nuestros hijos a costa de la nuestra, sin darnos cuenta de que si la estructura que los sostiene se quiebra, ellos también se caen.

Una vez una psicóloga me dijo: «si vos estás bien, él va a estar bien». Es parcialmente verdad, pero no es lineal. Se tiene que dar el equilibrio.

Tener beneficios no te quita la incertidumbre: Mi caso

Tengo la suerte de contar con un trabajo estable y un seguro médico privado como beneficio laboral. Gracias a eso, puedo acceder a consultas psiquiátricas sin costo directo, medicación con descuento y un paquete de 25 sesiones de terapia por única vez, que equivalen a unos 6 meses de terapia; después tengo que seguir por mi cuenta.

Sé que estoy en una posición de privilegio si lo comparo con el ejemplo anterior. Pero aun así, me pongo a hacer cuentas y me doy cuenta de que, si tuviera que sostener un tratamiento psicológico o psiquiátrico de forma particular a largo plazo, la economía de mi hogar tambalearía.

Si para alguien con un trabajo formal y seguro privado la atención en salud mental sigue siendo un recurso limitado, ¿qué le queda a la madre que trabaja en la informalidad o no tiene ningún tipo de respaldo?

Cuidar a las que cuidan

La salud mental no puede ser un bien de lujo ni un beneficio corporativo al que pocos acceden.

Para las mujeres que maternamos solas, sostener la cabeza fría no es una cuestión de confort: es lo que mantiene la casa en pie. No necesitamos que nos digan «tomate una horita y descansá»; necesitamos un sistema de salud accesible, redes reales de apoyo y el reconocimiento de que sostener a un hijo no debería significar anularte a vos misma.


Fuentes consultadas:

  1. INE / MIDES: Estadísticas de Género (Datos sobre hogares monoparentales en Uruguay).
  2. Coordinadora de Psicólogos del Uruguay (CPU): Honorarios de referencia para la consulta psicológica.
  3. Ministerio de Salud Pública (MSP): Prestaciones de salud mental en el SNIS / Fonasa.

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